viernes 10 de febrero de 2012

Oscar Nuñez

Lo conocí en el ’74. Estuvimos muchas veces del mismo lado y otras no.
Compartíamos, por ejemplo, la admiración –rayana en la devoción– por el cantor de tangos Raúl Berón. Más de una vez nos saludábamos impostando aquella incomparable voz, algo nasal, para canturrear: “… siempre fueron mis mejores compañeros los muchachos milongueros, jugadores … y algo más…”
Ese “algo más” lo fascinaba.
Él hallaba en esas dos palabras: “algo más” un incalculable tesoro, oculto para la gilada, que para los que tangueros era –como para los miembros de cualquier otra sociedad secreta– una expresión de pase. Ese “algo más” incluía amorosas ligaduras, complicidades ante las más inquietantes travesuras, solidaridad al mango en las buenas y en las malas, y por sobre todas las cosas daba patente de bienaventurada incorrección.
Otra que hacíamos era recitar a dúo “Serafín”, de De La Púa, y cuando digo recitar, es porque lo recitábamos. Los dos admirábamos a Rivero, nos la pasábamos escuchando, con El Rafa “Pucherito de gallina” o “El perrito pequinés”, entre otras piezas maestras, pero –dicho esto con todo el respeto del mundo por Don Leonel– creíamos que era mejor decir la poesía tal como la había escrito De La Púa.
Discutimos horas por el uso de la palabra “nimbada” que Cadícamo emplea en “De todo te olvidas”, mientras nos extasiábamos con la interpretación de Gardel. Esa se la gané yo. La de “taurear” que usa De La Púa en "Serafín" me la había ganado él. Así, escuchando tangos, pasábamos algunas tardes mientras hablábamos de teatro y de política. Los últimos tiempos nos habían acercado mucho (otro Flaco que también piró y Sra., mediante); por lo general, antes de la despedida, nos dábamos un toque de Floreal, del Polaco Y Berón. Siempre: Berón.
Hoy me enteré que se murió y estoy triste. Ayer me había castigado mal la muerte de Spinetta. Me acordaba del día que lo conocí junto al Tano Bagalá y a Jorge González. Jorge cantaba los temas de él y del Tano, los acompañaban Daniel Russo, Alberto Juan, Pablo Kohan y Carlos Carli; yo recitaba. Spinetta vino a vernos yo no lo podíamos creer. Ese día El otro Flaco, Núñez, también estaba en la platea haciendo el aguante.
¡Qué cosa! En dos días se fueron los dos.
Uno fue amigo mío, el otro no. Sin embargo en algún lado se me juntan. Pienso en aquello que escribió Spinetta: “…es su palabra que no ha de llegar igual…”.
Pero… ¡mirá vos!: entre esta suerte de corbata apretada que no luzco pero igual me estorba la garganta y esta manía que les agarró a las letras de ponerse a bailar e irse de foco en el monitor de la computadora, se me coló una sonrisa. Me acordé de aquel brindis en la Presidencia de Actores (al día siguiente nos casábamos con Stella). “El Flaco” tocaba el fueye (de grupo, of course), Zurita entonaba y Padilla los dirigía a lo D’Arienzo.
Mi hijo, recién llegado de USA para el casorio, no lo podía creer. Yo pienso que fue porque por allá, por Texas, escasean esos muchachos que son “… algo más”.
Fernando Musante
DNI.4.623.625

martes 7 de febrero de 2012

La estatua de "El Negro"



La estatua de Olmedo y Portales que está en Uruguay y Corrientes fue salvajemente atacada; hecho por demás repudiable. Alguien comentó lo sucedido en la red social Facebook y fue mucha la gente que se expresó sobre el tema. Lo llamativo es que para varios de los opinantes, el caso (desde lo criminal o correccional, según correponda) ya está resuelto: fueron "los negros de mierda". También conocidos como: los beneficiarios de los "excesos de la democracia", los protegidos de un gobierno que alienta "la barbarie y la vagancia"; y hay uno de los participantes que hasta se permitió precisar datos filiatorios de los condenados; dijo que eran: "hijos de borrachos y prostitutas", y también se habló del daño a nuestro "patrimonio cultural".En fin... lo cierto es que (para ciertos presupuestos intelectuales) los culpables de haber dañado la estatua de "El Negro", son los negros. Y entiéndase por "negros" (o "cabecitas negras") a la descendencia de lo que Sarmiento calificaba como "bárbaros", "chusma", etc. y que en buen porteño se puede definir como atorrantes. O sea que los "atorrantes" se han esmerado en dañar la imagen de quien fue -quizá- el emblema de la "atorrantidad", y que valga el neologismo. Pero esto no termina aquí: la sarta de conceptos racistas, clasistas y gorilas siguió, al parecer sin solución de continuidad. Para esta gente que habla de "educación", "cultura" y "valores" hay personas naturalmente sospechosas de conductas dañinas, lo que -contrarius sensus- parece significar que hay personas naturalmente "ajenas a toda sospecha". Digamos, por ejemplo, que si un grupo de rugbiers, todos de buenas familas, golpean a un pibe hasta dejarlo al borde de la muerte, puede ser considerado "una travesura"; si un grupete de la barra de Laferrere o del Doque rompe una vidriera, es muesta de su brutalidad extrema.Bien, ironías aparte, yo no comparto este modelo de pensamiento y ofrezco aquí una breve argumentación ya que no pude incluir este escrito en ese enlace, seguramente por problemas técnicos. Aquí va:Los “negros” no esclavizaron a otros seres humanos, no crearon la Inquisición, ni el nazismo. Tampoco fueron “negros” ni Churchill, ni Hitler, ni Mussolini, ni Mac Carthy, ni Stalin. Tampoco lo era el que ordenó lanzar bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaky.
No era “negro” el General De Gaulle que asesinó por millares a indochinos y argelinos, y ni hablar del blanquísimo (y generalísimo) Francisco Franco que se cargó, entre varias decenas de mil, al morocho (por andaluz, claro está) de García Lorca. Cierto es que éste, además de morocho, era poeta y maricón; cosa que hace culpable a cualquiera de aquello que le imputen las gentes de bien.
Bastante morochazos, por judíos de pura cepa, y en algunos casos andrajosos, “malentretenidos” y bebedores
dicen que eran Jesúcristo y sus mejores alumnos. También lo eran nuestro San Martín, Benito Juárez, Mahatma Gandhi,
Malcolm X y el Dr. Martin Luther King.
A propósito de Jesús y esa concepción valorativa de la blancura de seguro vale citarlo a Nuestro Señor cuando dijo:
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”. (Mateo 23: 27, 28)
Por estos lares, y pese a la mala fama que les endilgaron los Mitre, los Sarmiento, los Roca (y siguen las firmas), no fueron los “negros” ni los “cabecitas negras” los que perpetraron el genocidio del pueblo paraguayo, ni los crímenes de la Patagonia Rebelde, ni los de la Semana Trágica. Tampoco fueron “negros” ni “cabecitas negras” los que cobardemente bombardearon la Plaza de Mayo desarmada, los que fusilaron (con la bendición de una “Junta Consultiva” compuesta por blancos) a contramano de cualquier principio doctrinal de derecho en Lanús, en la Penitenciaría de la Avenida La Heras,
en Campo de Mayo y en los basurales de José León Suárez. Tampoco los que masacraron a los presos de Trelew y poco después se cargaron a nuestros treinta mil; a los que además torturaron, violaron, desaparecieron y hasta se apropiaron de sus niños.
No fue un “negro”, ni un “cabecita negra”, ni un subsidiado por el “kirchnerismo” el que se rindió, sin disparar un tiro en las Georgias cuando no le había temblado la mano para balear a una jovencita por la espalda.Claro que, pese a esta catarata de datos históricos no podríamos concluir en que los blancos son (mejor dicho: somos)todos malos, porque estaríamos cometiendo un error de la misma famila que el que acabamos de criticar. Tampoco podemos asegurar que todos los "negros" son buenos. Si para muestra basta un botón, con Barack Obama (Premio Nobel de La Paz que va por el Guinnes de las guerras libradas al mismo tiempo) y la inefable Condolezza Rice, tenemos dos, y de los cuatro agujeros.
Aún así me pregunto: ¿No será hora de empezar a sospechar de algunos blancos?
Es más: ¿No habrá sido algún “blanco de mierda” el que rompió la estatua de “El Negro” Olmedo?
Fernando Musante
DNI 4.623.625

martes 22 de febrero de 2011

Mi respuesta a Enrique Szewach

Sábado, 12 de febrero de 2011

En la edición del día lunes 7 de febrero de 2011, el Sr. Enrique Szewach publicó una nota en el Diario Ámbito Financiero titulada: “UNA NUEVA MUERTE DE MIS ABUELOS”. En esa nota el Sr. Szewach comparó al gobierno de la Sra. Cristina Fernández de Kirchner con el que encabezaba Adolfo Hitler en Alemania entre los años 1933 y 1945. Hacía también en su nota, el Sr Szewach, un parangón etre el martirologio de sus abuelos, muertos en las cámaras de gas del campo de exterminio de Auschwitz, con la aplicación de medidas de control sobre algunas actividades comerciales como las que él practica. Me he permitido contestarle esperando que estas líneas sean recibidas, por el Sr. Szewach, con la misma cuota de tolerancia que exige de los demás.

Para quienes no han leído la jugosa nota del Sr. Szewach en su totalidad, les hago llegar el correspondiente link:

http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=567151


Sr. Enrique Szewach:

Con el respeto que me merece.
Presupone usted que sus conceptos pueden ser tildados de “exagerados” por algunos (yo, por ejemplo) y se equivoca. A mi leal entender son simplemente maliciosos y falaces. Es más, pienso que en mi barrio (La Paternal) los llamaríamos de otra manera.

Comienza usted, Szewach, su nota citando, tácitamente por cierto, a Bertolt Brecht al mencionar un verso de un conocido poema del artista alemán que suele repetir nuestra admirada Cipe Lincovsky. Curiosa cita la suya, Szewach, usando nada menos que a Brecht para declamar su dogma neo–liberal. Justo a Brecht, hombre perseguido por Mac Carthy, entre otros, por su indisimulable simpatía por el comunismo y escritor capaz de acuñar frases como: “Un delito mucho peor que asaltar un banco es haberlo fundado” o “Una de las pocas diferencias que hallo entre un hombre de negocios y un gangster es que el gangster, por lo general, no es cobarde”; y habernos obsequiado, entre otras maravillas, un cuento estupendo (publicado en sus “Historias de almanaque”), titulado “Los tejedores de alfombras de Kujan–Bulak honran a Lenin” en el que canta loas al viejo Vladimir Ilich Uliánov, tipo nada simpático –si es que los hay– para los que piensan como usted.

Sí, Sr. Szewach, no compartimos antecedentes genéticos. No abrevamos en las mismas fuentes, y –creo– tampoco argumentamos de la misma manera. Usted parece echar mano al horror de la Alemania nazi sólo cuando le conviene, porque convengamos que espantosas masacres de similar magnitud han sido perpetrados (y se siguen perpetrando) por los paladines del ideario que usted sostiene a lo largo de los últimos siglos y en casi todas las regiones del planeta. Aquí no más, hace unas pocas décadas los defensores de sus mismas ideas sumieron al país en una técnica de matanzas, secuestros, torturas, desapariciones de personas y apropiaciones que –salvo en la cantidad– superaron en maldad a aquellas a las que usted cita, desde que ingresaron formas delictivas a las que ni los nazis se habían atrevido. Hablo de la apropiación de niños nacidos en cautiverio y la posterior sustitución de sus identidades.

Claro que usted compara de una manera llamativamente mercantilista (podríamos decir) personas con negocios; a propósito lo cito textualmente:

“Es cierto que no derriban la puerta a medianoche, para sacarte de la cama; ni te suben a un avión para tirarte desde el aire al río. Es cierto que no te destierran al Gulag, ni te condenan a trabajos forzados. Pero ¿Cómo puede progresar en serio un país en el que cualquier personaje con poder, puede decidir, en un instante, la vida o la muerte de un negocio, de una empresa, de una iniciativa?”

Parece que, para usted, observar métodos de medición de índices, o –aún peor– revisar registros contables, o exigir el cumplimiento de normas laborales, es igual que tirar gente al río, o llevar a gente –como sus abuelitos– a las cámaras de gas.

Sí, Szewach, en La Paternal a los que razonan así los llamamos de otra manera.

Ha hablado usted –y vuelvo a mi cita anterior– de “la vida o la muerte de un negocio” (sic) toda una confesión de partes. Confunde usted a las personas con negocios y a los negocios con personas. Un constructo intelectual, propio de usureros y mercaderes, sin otra articulación con sus congéneres más que el propósito de lucro. Lo curioso es que semejante pensamiento le evoque los padecimientos de sus abuelitos.

Cuando León Felipe, aquel poeta zamorano indudablemente anti–fascista se refirió a Inglaterra, la trató de “Raposa” (zorra según el diccionario de la R.A.E.). Él odiaba a los nazis pero aún más a los “raposos” y decía así:

“¡Raposa! / ¡Hija de raposos! / Italia es más noble que tú / y Alemania también. / En su rapiña y en sus crímenes / hay un turbio hálito nietzscheano de heroísmo, / en el que no pueden respirar los mercaderes, / un gesto impetuoso y confuso / de jugárselo todo a la última carta / que no pueden comprender los hombres pragmáticos.”

Y debo confesar que coincido con el poeta. Son personas como usted que emplean cualquier argumento para defender sus ponencias, me alimentan este tipo de convicciones.

¿Uso de sofismas? No. En La Paternal lo llamamos de otra manera.

Creo que su alma mercachifle ha hecho que, además de escribir con grosera irresponsabilidad, haya cometido usted una gravísima falta de respeto para con la memoria de más de seis millones de seres humanos que fueron víctimas de la barbarie nazi. Incluidos sus abuelitos

Usted escribe lo que quiere, pontifica, afirma, y descalifica; y siempre lo hace con el signo pesos entre ceja y ceja, ya que así surge de sus dichos. Si alguien está de acuerdo con el gobierno es un corrupto o un imbécil. Está claro que se instala usted en sacerdote de un monoteísmo de mercado, tan intolerante como lo puede ser cualquier otro monoteísmo, desde que se expresa de manera tal que uno (como yo) queda inclinado a suponer, que usted siente que lo guía algún determinismo infalible.

Es que si bien el concepto “raza” ha sido destituido por el pensamiento científico para la especie humana, es posible que sea usted de los que interpretan aquello de “pueblo elegido” del mismo modo que los nazis interpretaban lo de “raza superior”; no se asuste por la comparación, no es mía, la hizo un notable pensador de origen judío. A modo de prueba reproduzco este breve fragmento:

“Podemos tomar como punto de partida un rasgo característico de los judíos, que domina sus relaciones con los otros pueblos. No cabe duda que los judíos tienen una opinión particularmente exaltada de si mismos, que se consideran más nobles, encumbrados y superiores a los demás, de quienes también se diferencian por muchas de sus costumbres”.

Si no me cree, revise “Moises y la religión monoteísta” de Sigmund Freud, otro “sonaipa” (también así decimos en La Paternal) que como Brecht, Marx, Trotsky y varios más, podrían haber compartido con usted el gusto por el pastrom con pepinos agridulces (a mí me fascinan y soy goy) y la condición de circuncisos, pero no creo que muchas otras cosas más.

Sin nada más que agregar.
Fernando Musante
D.N.I. 4.623.625

COMUNICADO DE PRENSA Kirchner / Videla

Jueves, 11 de noviembre de 2010

Por estos días muchos han recordado la enorme carga simbólica que tuvo la orden de Néstor Kirchner para que Bendini descolgara el cuadro del genocida Videla. En los últimos dias de su vida había aceptado ser padrino de bautismo de Gastón Castillo, un hijo de desaparecido de la dictadura que había tenido como siniestro padrino, nada menos que a Videla. Para librarse de tan infame vínculo religioso, Gastón emprendió unalarga lucha ante las autoridades de la Iglesia Católica Argentina quese negaban a anular aquel sacramento y permitirle tener otro padrino, llegándole a sugerir como solución que solicitara la apostasía, esdecir perder la condición del sacramento para acabar con ese padrinazgo. Finalmente con firma del abogado Hernán Jaureguiber, el día 28 deSeptiembre de este año, se intimó formalmente al Cardenal Bergoglio a que nulificara todo lo atinente a aquel siniestro padrinazgo. El argumento central que convocaba el pedido de nulidad ante el Cardenal Primado, era el vicio del consentimiento que afectaba aquelacto sagrado, en tanto la madre de Gastón desconocía el carácter de genocida del padrino propuesto, su vinculación con el crimen del padre del ahijado y las responsabilidades de la cúpula eclesiástica deentonces con ese genocidio. En una respuesta sin precedentes para la iglesia católica, que motivó no pocos dolores de cabeza al mismo Bergoglio, el abogado obtuvo respuesta favorable, anulándose aquel padrinazgo y brindándole la posibilidad a Gastón de designar un nuevo padrino. El Arzobispado de Buenos Aires fundó su decisión en “todos los motivos expuestos” por el letrado, lo que implica reconocer el carácter de genocida del padrino y las responsabilidades de la Iglesia de aquelmomento. Aquel episodio trascendente, por la innovación del decisorio canónico y por los alcances del reconocimiento episcopal, tuvo su culminación cuando Gastón decidió que su nuevo padrino fuera Nestor Kirchner, en una muestra de reconocimiento al ex presidente por su compromiso con los Derechos Humanos y en sintonía con aquel episodio -que el joven recordaba- cuando ordenó retirar el cuadro del dictador . Pocas horas antes de morir Nestor Kirchner, se formalizó su designación ante el Cardenal Bergoglio mediante escrito firmado por el abogado Jaureguiber. Padrino y ahijado prometieron encontrarse al regreso del viaje de Néstor al Calafate, oportunidad en que compartirían la nueva acta bautismal y organizarían un acto que bendijera su vínculo. Muy felices ambos, por el nuevo vínculo que los unía y por la oportunidad que tendría el padrino de conducir con su ejemplo, la vida cristiana de su nuevo ahijado. El ahijado, contaría con un padrinazgo exactamente en las antípodas del genocida, tal como fueron sus palabras ante la prensa. El resto es historia conocida. Gastón pudo retirar su acta bautismal, en la cual consta el nombre de Néstor Kirchner como padrino y borrado el nombre de Videla. Kirchner una vez mas bajaba a Videla, pero esta vez era tarde para abrazos. Gastón, a quien los genocidas le arrebataron a su padre cuando aún estaba en el vientre, ahora revivió el dolor al perder a su padrino, también sin poder abrazarlo y expresarle cuanto lo respetaba, quería y necesitaba. Triste epitafio para un drama argentino. Gastón, seguirá mirando el cielo y a su corazón, único lugar donde encontrará a su padre y ahora a su padrino. Esta vez no lo hará solo. Millones de argentinos lo acompañaremos yseguramente desde el cielo, donde van los patriotas, los héroes y los mártires, nos harán un guiño pícaro y nos darán las fuerzas para lograr que en nuestra tierra no ocurran mas genocidios. Nunca Mas.

Buenos Aires, 9 de noviembre de 2010.

Teléfonos de contacto Dr. Hernán Jaureguiber 43733113/ 43727953

A quien corresponda

Sábado 30 de octubre de 2010

El magnífico actor argentino, nacido en Chile (así se identifica él), Patricio Contreras acuñó una frase para definir a los malos actores que hallo impecable. Dijo Contreras a propósito del trabajo de un pésimo actor: “la letra le pasa por delante cual si fueran subtítulos”. Y, en verdad, costaba mucho hallar un mínimo de verosimilitud en las expresiones del desangelado comediante.
Así, con esta misma escasa calidad interpretativa, escucho (o leo) algunas declaraciones a propósito del fallecimiento del Dr. Néstor Carlos Kirchner, las que supuestamente deberían entenderse como condolencias o muestras de respeto. También hay, es justo reconocerlo, aquellas que transpiran buena fe. Son de hombres y mujeres que no si bien no adhieren al ideario peronista, advirtieron en Kirchner la presencia de una figura que apuntaba al consolidar el proyecto de Nación y de Patria Grande y lo reconocen sin complicaciones retóricas que son, al fin y al cabo, lo que vulgarmente llamamos simples tiros por elevación. Pero no pasa esta calificación por éstas, yo me refiero a las que comienzan con una advertencia que suena a medida profiláctica, no vaya a ser cosa que el redactor (o redactora) sea confundido con algo parecido a un peronista o, algo aún peor, con un “K”; esa cosa tan espantosa para algunos periodistas, señoras que empuñan cacerolas que nunca supieron demasiado bien para que se usan y dirigentes políticos y sindicales que invariablemente votan junto a esos “patrones” que dicen despreciar, en patético intento de llevar un poco de agua a sus escuálidos molinos.
Estas manifestaciones epistolares suelen comenzar diciendo “yo no los voté”, “no soy ni seré “K”, “pertenezco a otro espacio” etc., y desde esa intolerable ingenuidad que los caracteriza, suponen que eclipsan con estas remanidas construcciones, que se pasaron gran parte de los últimos tiempos armando campañas basadas en el señalamiento del “kircherismo” como continuidad del “menemismo” y también culpable de algunas desgracias por todos sufridas últimamente, como rebrotes del accionar de los sectores más repugnantes de la sociedad, para luego declamar, con fallida pretensión dramática, una solidaridad por nuestro dolor; cosa que no se compadece con las componendas, agachadas y mezquindades que inveteradamente siguen practicando.
Por estas razones escribo estas palabras destacando que lo siguiente será dicho sin la mínima cuota de aquella hipocresía que el pensador François De la Rochefoucauld consideraba como “un homenaje que el vicio rinde a la virtud”: no se les cree. Se les ven los piolines de las caretas, se les pasa la enagua, o como diría Don Celedonio Esteban Flores: “...porque hay algo que te vende / yo no sé si es la mirada /la manera de sentarte de charlar de estar parada...” etc. No inspiran, por lo menos en mí, ningún respeto esas expresiones, como tampoco me lo inspiran sus acciones, ni las de los líderes políticos que los aglutinan.
Por las dudas, y ante la mínima posibilidad de que estas palabras puedan ser calificadas como “expresiones elípticas”, digo: hallo más sinceras las expresiones, de formalidad casi deportiva, de los más tenaces y declarados adversarios de nuestro proyecto de Nación, que a las declaraciones hipócritas de ineptos burócratas disfrazados de adalides de fórmulas infalibles de revoluciones que jamás lograron plasmar la mínima victoria en beneficio de ese pueblo al que dicen representar, y que invariablemente les dio la espalda en incontestable muestra de sencilla sabiduría.
Con la exacta medida del respeto que cada uno me merece:

Fernando Musante
Octubre de 2010

A tres bandas

Lunes, 27 de septiembre de 2010



POR QUÉ CLAUDIO LOZANO NO DEBERÍA JUGAR BILLAR A TRES BANDAS
La disciplina “a tres bandas”, en el juego del billar, es fascinante. Las partidas por diferentes torneos entre jugadores del máximo nivel se desarrollan con observancia casi litúrgica de los reglamentos, en medio del más respetuoso de los silencios y los competidores y el juez invariablemente visten de riguroso negro. No es curioso entonces que semejante ritualidad del ambiente contagie aún a profanos que acceden por primera vez estas ceremonias.

Hay jugadas que requieren varios segundos de estudio antes de ejecutarlas. “El que tira” (así se dice) suele observar la posición desde distintos puntos de vista para lo cual da alguna que otra vuelta alrededor de la mesa, también puede apoyar su mano sobre las maderas de las bandas y el paño y señalar puntos invisibles con su taco. Más de una vez el jugador cierra sus ojos y dirige su frente hacia lo alto mientras murmura. Alguno de los asistentes debutantes ha llegado a pensar ante estos casos que el hombre estaba rezando, pero no. Hace cuentas. Sí, cuentas. Esas maderas que sostienen las bandas están adornadas con rombos (generalmente de marfil) llamados “diamantes” que están simétricamente taraciados en ellas. La unión de sus líneas de fuga indica, con precisión absoluta el comportamiento de las bolas, siempre y cuando los golpes estén correctamente ejecutados. Esto ha permitido el desarrollo de distintas fórmulas matemáticas que los jugadores de alto nivel conocen a la perfección.

Lamentablemente, como sucede con casi todas las cosas fascinantes, ese contagio al que me refería en el primer párrafo puede ser altamente riesgoso. Recuerdo a un muy flojo jugador que imitaba todos los gestos y hasta la indumentaria de aquellos grandes jugadores, cosa que incluía esa suerte de meditación o rezo que, en verdad, era el intento de resolución mental de alguna compleja fórmula aritmética. Lo cierto es que este hombre, voy a obviar piadosamente el nombre del chambón (así también se dice), es que a la hora de pegarle a la bola el punto era horroroso, pero tozudo. Después de ejecutar alguno de sus mamarrachos también empleaba los modismos de los “de primera”. Decía, por ejemplo, “la sobré de fina…”, “menos efecto”, “la pinché demasiado”, etc. cuando, en verdad, había tirado un rotundo disparate.

Una de esas espantosas jugadas suyas fue graficada con una frase de un simpático jugador chino llamado Ching, cuando le dijo: “cometiste un “elol galafal” (error garrafal, en la peculiar fonética del nochi) “…elaste por el ancho de una galafa”. Esa misma tarde otro de los parroquianos que observaban la partida, después de verlo errar fiero una jugada “de lujo” (cuando se juega primero por las bandas y que son en los tiros en los que más se aplica la teoría de los diamantes) bola que por supuesto también se fue lejos, dijo: “Fulano es el tipo que más sabe de teoría en este club” todos lo miramos estupefactos y el hombre agregó “sí, de teoría sabe una montaña, pero en lo que es un pelotudo, es en matemáticas”.

Casi siempre que lo escucho hablar al Diputado Claudio Lozano viene a mi mente el recuerdo de esta enriquecedora anécdota.


F.M. X–2010

SILOGISMOS, ANALOGÍAS Y PELOTUDECES

Domingo, 18 de julio de 2010

“Todos los hombres se pueden equivocar. Todos los filósofos son hombres; entonces: todos los filósofos se pueden equivocar.” He aquí un claro ejemplo de silogismo categórico según Aristóteles. Pero, si dijéramos por ejemplo: “Todos los gallegos son españoles. Todos los andaluces son españoles; entonces: todos los andaluces son gallegos”, en lugar de “silogismo”, estaríamos diciendo una pelotudez.

Algo similar pasa con las analogías. La Real Academia Española de la Lengua, nos da distintas acepciones para “analogía”, la definición primera dice: “Relación de semejanza entre cosas distintas. La segunda: Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes. La tercera está referida a la biología y la cuarta al derecho y dice: Método por el que una norma jurídica se extiende, por identidad de razón, a casos no comprendidos en ella.”

La definición de término es clara: semejanza entre cosas distintas: y debería ser el sentido común el que nos invite a proponer límites de razonabilidad a la hora de proponer las semejanzas.

Nadie, en su sano juicio, podría pensar que el agrado que puede hallar una persona en encender un fuego encubra necesariamente inclinaciones piromaniacas, que en cada deportista que practica tiro se esconde un francotirador, o que en cada carnívoro haya pulsiones caníbales. Aún aceptando que ciertos desafortunados excesos, por lo general productos de una suerte de “psicología silvestre”, puedan adornar lenguajes poco rigurosos en charlas de café, pretender extender esto a discusiones sobre moral, ética y derecho, en los estadios más altos de la república, entiendo que resulta de una pelotudez imperdonable.

Tanto en los silogismos, como en las analogías, un mínimo error en la proposición de los términos deviene en una catarata de conceptos falsos. Y, si sobre estas bases falsas edificamos conceptos de pretendida solidez, para más eterna y universal, como: “naturalidad” “normalidad” o“verdad”, la tal pelotudez se potencia a la enésima, y la historia de la humanidad es pródiga en ejemplos sobre los desastres a los que han llevado al mundo la entronización de pelotudeces de este tipo, con discursos de diestra y de siniestra.

Podríamos concluir, entonces, que las consecuencias de la instalación de algunas pelotudeces, más procrear una nueva que pelotudez han desatado espantosas tragedias

Volviendo al tema de las analogías como sostén argumental y habiendo escuchado, durante los últimos días, algunas ponencias en contrario acerca de la modificación a la Ley de Matrimonio Civil, que permite con su aprobación, mediante una pequeña, pero altamente significativa, modificación en su redacción que personas de mismo sexo puedan casarse, me he permitido estas reflexiones. Porque deseo aclarar, no me refiero a la posición de cada persona a la hora de votar por sí, o por no, eso es privativo de cada conciencia. Lo que cuestiono es la calidad de las argumentaciones y así lo manifiesto:

La ley discierne, entre actos reprochables y actos permitidos. Todo aquello que no está expresamente prohibido está permitido. Y, por ejemplo, casarse con menores, inducir a la prostitución o maltratar animales, está tan prohibido como robar, matar gente, torturarla, vender sustancias prohibidas o conducir autos sin licencia. Claro que con distintos montos de penalidad, según la transgresión o delito
cometido.

No hay delito en la homosexualidad, ergo: proponer una analogía entre un acto tipificado como delito por nuestro Código Penal y algo que está permitido, es también una pelotudez. Uso, ex profeso, el vocablo (pelotudez) a cuento de estas reflexiones por que lo hallo eficaz y porque me trae a la memoria una anécdota personal.

El Dr. Correa Luna (uno de mis primeros profesores de lenguaje, y a quien hago responsable de mi amor por la palabra escrita, allá por 1959) ponía la palabra “pelotudez”como ejemplo. Así nos decía el brillante docente: “pelotudez” es la cualidad del pelotudo, “el pelotudo” es un sujeto que hace cosas que definimos como “pelotudeces”, pero éstas son siempre consecuencias de su acción; vale decir de su predicado. Ergo: Como no hay predicado sin sujeto, tampoco hay “pelotudez”, sin “pelotudo”.

Es claro que hablo del ’59. Los años pasaron y así como la geometría se hizo “no euclidiana”, la física “cuántica”, y nos enteramos de que el átomo no era tan “a -tomo” (“a”: sin; “tomo”: parte) la gramática también modificó alguno de sus términos y toda la lógica también, y hoy más de cinco siglos después de Copérnico, comenzamos a pensar en lógicas curvas y agujeros negros.

De todos modos, hay algunas cosas que no cambiaron. Siempre ha habido personas que consideran sus gustos, sus preferencias, sus creencias y sus posiciones políticas por encima de las de los demás. Cuando les conviene, dicen pertenecer a la “mayorías comprendidas en la normalidad”. Si la tortilla se de vuelta: “son minorías selectas” o “vanguardias esclarecidas”. También pueden considerarse: “pueblos elegidos”, “razas superiores”, “benditos por la Gracia Divina”, “iluminados”, “sanos”, “puros”, o simplemente “mejores”. Yo, concluyendo, y dado que el “derecho positivo” nos pone a todos en un plano de igualdad ante la ley, en derechos y en obligaciones (cosa que no significa emparejar, disimular y, mucho menos, negar diferencias) declaro que seguiré apoyando todo tipo de ampliación de estos conceptos fundacionales de nuestra Constitución para que se demuelan los últimos vestigios de exclusión caprichosa. Beneficio que, entiendo, también debe alcanzar a los pelotudos.

F.M.