Sábado, 12 de febrero de 2011
En la edición del día lunes 7 de febrero de 2011, el Sr. Enrique Szewach publicó una nota en el Diario Ámbito Financiero titulada: “UNA NUEVA MUERTE DE MIS ABUELOS”. En esa nota el Sr. Szewach comparó al gobierno de la Sra. Cristina Fernández de Kirchner con el que encabezaba Adolfo Hitler en Alemania entre los años 1933 y 1945. Hacía también en su nota, el Sr Szewach, un parangón etre el martirologio de sus abuelos, muertos en las cámaras de gas del campo de exterminio de Auschwitz, con la aplicación de medidas de control sobre algunas actividades comerciales como las que él practica. Me he permitido contestarle esperando que estas líneas sean recibidas, por el Sr. Szewach, con la misma cuota de tolerancia que exige de los demás.
Para quienes no han leído la jugosa nota del Sr. Szewach en su totalidad, les hago llegar el correspondiente link:
http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=567151
Sr. Enrique Szewach:
Con el respeto que me merece.
Presupone usted que sus conceptos pueden ser tildados de “exagerados” por algunos (yo, por ejemplo) y se equivoca. A mi leal entender son simplemente maliciosos y falaces. Es más, pienso que en mi barrio (La Paternal) los llamaríamos de otra manera.
Comienza usted, Szewach, su nota citando, tácitamente por cierto, a Bertolt Brecht al mencionar un verso de un conocido poema del artista alemán que suele repetir nuestra admirada Cipe Lincovsky. Curiosa cita la suya, Szewach, usando nada menos que a Brecht para declamar su dogma neo–liberal. Justo a Brecht, hombre perseguido por Mac Carthy, entre otros, por su indisimulable simpatía por el comunismo y escritor capaz de acuñar frases como: “Un delito mucho peor que asaltar un banco es haberlo fundado” o “Una de las pocas diferencias que hallo entre un hombre de negocios y un gangster es que el gangster, por lo general, no es cobarde”; y habernos obsequiado, entre otras maravillas, un cuento estupendo (publicado en sus “Historias de almanaque”), titulado “Los tejedores de alfombras de Kujan–Bulak honran a Lenin” en el que canta loas al viejo Vladimir Ilich Uliánov, tipo nada simpático –si es que los hay– para los que piensan como usted.
Sí, Sr. Szewach, no compartimos antecedentes genéticos. No abrevamos en las mismas fuentes, y –creo– tampoco argumentamos de la misma manera. Usted parece echar mano al horror de la Alemania nazi sólo cuando le conviene, porque convengamos que espantosas masacres de similar magnitud han sido perpetrados (y se siguen perpetrando) por los paladines del ideario que usted sostiene a lo largo de los últimos siglos y en casi todas las regiones del planeta. Aquí no más, hace unas pocas décadas los defensores de sus mismas ideas sumieron al país en una técnica de matanzas, secuestros, torturas, desapariciones de personas y apropiaciones que –salvo en la cantidad– superaron en maldad a aquellas a las que usted cita, desde que ingresaron formas delictivas a las que ni los nazis se habían atrevido. Hablo de la apropiación de niños nacidos en cautiverio y la posterior sustitución de sus identidades.
Claro que usted compara de una manera llamativamente mercantilista (podríamos decir) personas con negocios; a propósito lo cito textualmente:
“Es cierto que no derriban la puerta a medianoche, para sacarte de la cama; ni te suben a un avión para tirarte desde el aire al río. Es cierto que no te destierran al Gulag, ni te condenan a trabajos forzados. Pero ¿Cómo puede progresar en serio un país en el que cualquier personaje con poder, puede decidir, en un instante, la vida o la muerte de un negocio, de una empresa, de una iniciativa?”
Parece que, para usted, observar métodos de medición de índices, o –aún peor– revisar registros contables, o exigir el cumplimiento de normas laborales, es igual que tirar gente al río, o llevar a gente –como sus abuelitos– a las cámaras de gas.
Sí, Szewach, en La Paternal a los que razonan así los llamamos de otra manera.
Ha hablado usted –y vuelvo a mi cita anterior– de “la vida o la muerte de un negocio” (sic) toda una confesión de partes. Confunde usted a las personas con negocios y a los negocios con personas. Un constructo intelectual, propio de usureros y mercaderes, sin otra articulación con sus congéneres más que el propósito de lucro. Lo curioso es que semejante pensamiento le evoque los padecimientos de sus abuelitos.
Cuando León Felipe, aquel poeta zamorano indudablemente anti–fascista se refirió a Inglaterra, la trató de “Raposa” (zorra según el diccionario de la R.A.E.). Él odiaba a los nazis pero aún más a los “raposos” y decía así:
“¡Raposa! / ¡Hija de raposos! / Italia es más noble que tú / y Alemania también. / En su rapiña y en sus crímenes / hay un turbio hálito nietzscheano de heroísmo, / en el que no pueden respirar los mercaderes, / un gesto impetuoso y confuso / de jugárselo todo a la última carta / que no pueden comprender los hombres pragmáticos.”
Y debo confesar que coincido con el poeta. Son personas como usted que emplean cualquier argumento para defender sus ponencias, me alimentan este tipo de convicciones.
¿Uso de sofismas? No. En La Paternal lo llamamos de otra manera.
Creo que su alma mercachifle ha hecho que, además de escribir con grosera irresponsabilidad, haya cometido usted una gravísima falta de respeto para con la memoria de más de seis millones de seres humanos que fueron víctimas de la barbarie nazi. Incluidos sus abuelitos
Usted escribe lo que quiere, pontifica, afirma, y descalifica; y siempre lo hace con el signo pesos entre ceja y ceja, ya que así surge de sus dichos. Si alguien está de acuerdo con el gobierno es un corrupto o un imbécil. Está claro que se instala usted en sacerdote de un monoteísmo de mercado, tan intolerante como lo puede ser cualquier otro monoteísmo, desde que se expresa de manera tal que uno (como yo) queda inclinado a suponer, que usted siente que lo guía algún determinismo infalible.
Es que si bien el concepto “raza” ha sido destituido por el pensamiento científico para la especie humana, es posible que sea usted de los que interpretan aquello de “pueblo elegido” del mismo modo que los nazis interpretaban lo de “raza superior”; no se asuste por la comparación, no es mía, la hizo un notable pensador de origen judío. A modo de prueba reproduzco este breve fragmento:
“Podemos tomar como punto de partida un rasgo característico de los judíos, que domina sus relaciones con los otros pueblos. No cabe duda que los judíos tienen una opinión particularmente exaltada de si mismos, que se consideran más nobles, encumbrados y superiores a los demás, de quienes también se diferencian por muchas de sus costumbres”.
Si no me cree, revise “Moises y la religión monoteísta” de Sigmund Freud, otro “sonaipa” (también así decimos en La Paternal) que como Brecht, Marx, Trotsky y varios más, podrían haber compartido con usted el gusto por el pastrom con pepinos agridulces (a mí me fascinan y soy goy) y la condición de circuncisos, pero no creo que muchas otras cosas más.
Sin nada más que agregar.
Fernando Musante
D.N.I. 4.623.625